Las azoteas siempre estarán pobladas, las perspectivas cambiarán.
Se busca explanada para empezar a volar.
7 de febrero de 2012
El recuerdo y los detalles llenan este vertedero de sonrisas, sudor y lágrimas;
revolcones, momentos, palabras, ceniza, trastos, amor, velas, pitillos, inciensos, y su olor.
Papeles, susurros, humedad, pelusas.
Soledades y ausencias.
Dicen que los recuerdos curan el olvido, por eso siempre intento alimentarme de ellos, dejar que me abriguen y me den calor, para fortalecer mi débil memoria que con frecuencia deja escapar palabras antes de nombrarlas, antes de que mi voz llegue a conocerlas; palabras que caen a peso al viento y se las lleva para hacerlas llegar a otro lugar, sin lugar, transformadas, disfrazadas de sensación. Palabras que al final acaban formando sólo parte de mi, de mis pensamientos convertidos en un anteproyecto de tinta o voz.
Mi débil memoria, tan débil como mi voz; tan, tan débil como yo, como mi ser cuando lo roza el brillo de la luna, reflejada en espejos que me recuerdan la soledad...